Un buen viaje empieza en la maleta. Y en la maleta de un caballero hay una prenda que lo cambia todo: la camisa. Bien elegida y bien doblada, llega lista para una reunión, una cena o un paseo junto al mar.
Elige el tejido adecuado
El Oxford es el compañero de viaje perfecto: su trama de cesta es robusta, disimula las arrugas y queda bien con chaqueta o sin ella. Para destinos cálidos, el lino es fresco y transpirable; su arruga natural forma parte de su encanto. El popelín, más fino, pide un poco más de cuidado, pero es imbatible para la ciudad.

Cómo doblarla para que llegue sin arrugas
Abrocha el primer, el tercer y el último botón. Coloca la camisa boca abajo, dobla cada lado hacia el centro con la manga paralela al costado y pliega el faldón en dos o tres partes, según el tamaño de la maleta. Guárdala con el cuello hacia arriba, entre prendas más blandas, y rellena el cuello con unos calcetines enrollados para que no se aplaste.
Tres trucos para el hotel
Al llegar, cuélgala en una percha cerca de la ducha caliente: el vapor relaja las arrugas en pocos minutos. Si hay plancha, úsala con la camisa ligeramente húmeda. Y alterna las camisas cada día: el tejido descansa y te dura más.
La maleta perfecta de cuatro días
Dos camisas Oxford, una de lino o popelín, un jersey de cuello pico para la noche, un chino neutro y tres pares de calcetines. Pocas prendas que combinan entre sí y que viajan bien.
Prepara tu maleta: camisas Oxford, popelín y lino y chinos.


